Editoriales

A vista de todos o nada

Al contrario, habría sido motivo hasta de campaña: legisladores de bancadas distintas trabajando por el bien común

Mala apariencia. Tal y como se fraguó el acuerdo entre dos bloques en la Asamblea para elegir -e insistir hasta tres veces- al que debía ser el presidente del Legislativo, era inevitable levantar las suspicacias. No solo entre las demás bancadas del Hemiciclo que, finalmente, se juntaron para hacer todo lo contrario de lo pretendido. Sino también en la población.

Días antes de la maratónica jornada parlamentaria, se hablaba de “acuerdos programáticos”, de pactos para garantizar la vacunación de los ecuatorianos... En definitiva, de una agenda que estaba sobre la mesa con un interés noble y social. Si era así, ¿por qué negociar bajo la mesa? ¿Para qué la opacidad? ¿Por qué tirar de ambigüedad al mencionar una comisión de la verdad inconstitucional que revise sentencias en casos de corrupción? Porque hablar de eso es aceptar abiertamente la intención de tener una injerencia en la Justicia desde un estamento de poder -el Legislativo- al que no le corresponde ese rol. De ser exclusivamente temas programáticos legítimos los que estaban en juego, no habría habido ni un halo de oscuridad en su planteamiento. Al contrario, habría sido motivo hasta de campaña: legisladores de bancadas distintas trabajando por el bien común.