Editoriales

Urgente reforma carcelaria

El abuso del término “redención” es de tal magnitud que invita a la sorna y provoca cinismo’.

Las cárceles son la prueba plena de la debacle de la política social. Son lugares de hacinamiento y perdición, de explotación y abandono, de corrupción y violencia. Evidencian el abandono de la convivencia civilizada, el olvido de la sociedad y la insensibilidad de un gobierno que permitió esta suerte de deterioro. El abuso del término “redención” es de tal magnitud que invita a la sorna y provoca cinismo. Constituyen una suerte de agujero negro o ingreso al Infierno de Dante con su críptica admonición de “abandonen la esperanzan todos los que entran aquí”.

Es tal el estado de disfuncionalidad de la política carcelaria que la población privada de libertad no admite discriminación entre los sicarios, pandilleros, narcotraficantes, y aquellos que cometieron delitos que, en el orden relativo, son menores, como conducir en estado de embriaguez y atropellar a una persona, o robarse un celular. La saturación de los espacios, la mala alimentación, el abuso físico y la vida que pasa sin oficio ni beneficio, son el caldo perfecto de cultivo para la alienación y el incremento de todas las manifestaciones de odio extremo que hemos tenido que espectar.

Es un tema que, puntualmente, no puede continuar siendo ignorado.