Editoriales

Responder a todos

Es tiempo de marcar nuevos derroteros en la relación de las autoridades con la prensa. De no atender, como sus predecesores, solo a los medios que transitan entre la cordialidad y la servidumbre.

En la década 2006-2016, hablar o interpelar a las autoridades era como mediar contra la pared: un camino de una sola vía. Ni preguntas, ni respuestas, ni entrevistas. Solo propaganda oficial. Todo lo que se salía del mensaje del Gobierno era minuciosamente ignorado por los funcionarios. Los de alto nivel y los de medio, siguiendo el ejemplo presidencial.

Con el cambio de mando de hace cuatro años, el acceso a la información y a los ministros que regían la política pública cedió. Se hizo más flexible. Aunque la evasiva siempre fue la estrategia oficialista para despejar temas que generaban incomodidad. Hoy, cambio de color y de formas mediante, el nuevo Gobierno tiene la oportunidad de marcar nuevos derroteros. Tanto en su relación con los medios (que son intermediarios de lo que llega a oídos de los ciudadanos) como en las respuestas que deben brindar para dar cuentas a los mandantes. Los primeros gestos son oportunos. Pero el ojo vigilante del periodismo no bajará la guardia con el paso de los meses y el avance de las decisiones. Sería deseable que el nuevo Ejecutivo sepa marcar la diferencia con sus predecesores y con opositores locales y no solo atienda las preguntas que transitan entre la cordialidad y la servidumbre.