Editoriales

No más pretextos

"La sociedad se ha acostumbrado a enterarse por la prensa, cada semana, de una nueva irregularidad, sin mostrar indicios de indignación sobre lo que se hace con dineros públicos"

El sistema político ecuatoriano atraviesa una crisis sin precedentes en lo legal, moral y ético, no solo por los escándalos de corrupción durante la emergencia sanitaria, sino también por los casos que llevan años estancados en la Fiscalía sin respuesta alguna. La revelación oficial de que al menos 60 asambleístas estarían inmersos en investigaciones por una serie de delitos, como tráfico de influencias, sobornos, robos, etc., retrata de cuerpo entero la realidad nacional, en la que la fiscalización es una quimera y la justicia una cuestión de cálculo electoral.

La sociedad se ha acostumbrado a enterarse por la prensa, cada semana, de una nueva irregularidad, sin mostrar indicios de indignación sobre lo que se hace con dineros públicos, cuya pérdida la termina pagando el propio ciudadano con el discurso de que todos debemos hacer esfuerzos para salir de una crisis endémica desde cualquier punto de vista. La historia ha demostrado que si no se exige claridad y transparencia a la clase dirigente, el silencio -el nuestro- será el caldo de cultivo de la impunidad. En los próximos comicios, el país deberá probar su madurez para no dejarse engañar por quienes prometen todo sin decir cómo lo harán. Es hora de tomarles la lección.