Editoriales

Para qué está Isspol

Si la existencia de una cadena de funcionarios o entidades da pie a fugas de dinero o corrupción, entonces carece de sentido la misma institución.

La trama de inversiones desvanecidas que afecta al Instituto de la Seguridad Social de la Policía no solo deja un agujero de más de 500 millones de dólares y una brecha en el efectivo control que deberían tener las instituciones encargadas. Además, queda en el trasfondo un dilema conceptual: ¿para qué está Isspolsi, finalmente, paga el Estado ante la desaparición de sus fondos?

Si el Estado responde, si el Estado paga y si el Estado garantiza los recursos -con el dinero de todos, recaudado a través de impuestos-, cobran fuerza los cuestionamientos a este tipo de figuras o entes que terminan fungiendo de intermediarias o de vehículos para la gestión de recursos o de prestaciones sociales.

Si la existencia de una cadena de funcionarios o entidades da pie a fugas de dinero o corrupción, entonces carece de sentido la misma institución. Ese planteamiento, basado en la práctica y en la eficacia, podría incluso extenderse a otras instituciones encargadas del manejo de las jubilaciones o de otras contribuciones que, en realidad, terminan requiriendo al Estado. Vista la experiencia, cuantas menos manos intervengan en la administración de capitales, menos espacio habrá para las irregularidades y menos posibilidades de que haya que cubrir los faltantes con aportes adicionales de los ecuatorianos.