Editoriales

Fiscalizar hacia arriba

"Mucho ruido en forma de muchos casos abiertos en torno a la corrupción hospitalaria y de insumos. Pero la eficiencia de la Fiscalía se mide hoy por los altos cargos procesados. O, más bien, por la ausencia de ellos"

Más de 200 exámenes de Contraloría. También decenas de indicios en investigación en Fiscalía. Es lo que anunciaron los entes encargados de fiscalizar y depurar los actos de corrupción a mitad de la pandemia por los casos de sobreprecios e irregularidades en las compras de insumos médicos en los hospitales públicos. Un comportamiento, por cierto, que salió a la luz por medios distintos a los oficiales. ¿Resultado de los meses de avances investigativos y judiciales? Ningún alto cargo. A lo sumo, han pasado a declarar o han salido del cargo. Pero el ciudadano sigue preguntándose cómo es posible que no haya un solo alto mando responsabilizado por las tramas -no es solo una- de abusos a los recursos de todos que se fraguan y se benefician durante años ante el silencio cómplice de autoridades que veían el ir y venir -o lo intuían- y se quedaron inmóviles.

Creerán los implicados que, con el tiempo, se calman los ánimos y todo se olvida. Se olvidan los detalles y los nombres y las pillerías, sí. Pero queda un poso para siempre en el imaginario de la ciudadanía: que todo el que tiene poder, lo aprovechará para enriquecerse, a costa incluso de la salud de todos. Por eso, los corruptos y los que simplemente toman distancia silenciosamente son parte de ese sistema perverso que agrieta a la democracia.