Editoriales

Diseñar lo por venir

'El país está esperando las opciones que el Gobierno plantea para enfrentar las crisis que nos afligen’.

Nunca como ahora resulta más acertada la metafórica expresión del famoso poeta francés Paul Valéry: “el futuro ya no es lo que era.” Por supuesto, es una concesión a los tiempos que corren, aunque solo fuese dejar entender que antes del coronavirus sí teníamos una idea de cómo se iba a desenvolver el devenir ecuatoriano.

La única certeza de por entonces era la de que enfrentábamos una profunda crisis política, económica y sobre todo ética. Así, cuando a lo actual se suma la crisis sanitaria, son fáciles las reminiscencias de que en el Ecuador están galopando los cuatro caballos del Apocalipsis.

Creyendo de buena fe que lo que hay que hacer es precisamente superar las visiones apocalípticas, cabe sí llamar al Gobierno nacional a acciones más esmeradas a partir de la coordinación de las mismas. El país no tiene espacio ni para improvisaciones ni para las actividades dispersas.

Sería de esperar que ya estuviese elaborándose un plan de crisis que establezca con realismo las posibilidades de futuro y que logre con gran liderazgo de los mandatarios, convertirse en el objetivo de todos. Obviamente, para conseguir este último propósito, ser plan de todos, debe surgir como resultado de un gran consenso nacional que, sin duda, urge.