Editoriales

Directorios corresponsables

En ambos casos, los directorios, encargados de garantizar un recto desempeño, al callar y permitir fueron cómplices y encubridores

Las instituciones públicas, sociedades anónimas e incluso los organismos de control cuentan con un directorio cuya misión es gestionar en forma óptima sus recursos y funcionamiento, y velar por su bienestar.

La profecía de la quiebra del IESS parece que se cumplirá si no se toman medidas urgentes o se logra un aporte estatal para superar la crisis. Los millonarios fondos del Isspol desaparecieron bajo el manejo de los directorios de la Bolsa de Valores de Guayaquil y del Decevale, dos sociedades anónimas que operan bajo el control de la Superintendencia de Compañías. Los delitos no se cometieron de un día para otro. En el IESS, los sobreprecios en adquisición de insumos y medicinas, y la negligente administración que ha significado el deterioro de instalaciones y equipos, así como malas inversiones, se han dado por décadas, sin que los representantes de afiliados y jubilados hayan presentado denuncias que permitan salvaguardar sus intereses. En el Isspol, funcionarios de las instituciones negociadoras y administradoras de valores colaboraron con la estafa cometida, mientras que el organismo de control cerró los ojos ante las infracciones. En ambos casos, los directorios, encargados de garantizar un recto desempeño, al callar y permitir fueron cómplices y encubridores.