Déjense robar

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Déjense robar

'Nuestra sociedad se está convirtiendo en un conglomerado sin ética'.

¿Qué pasa con los ecuatorianos? ¿Estamos anestesiados? ¿O nos han hipnotizado? Es como si nuestro inconsciente -colectivo- hubiese recibido unas consignas poderosas: “Déjense robar… los bienes, los votos, el dinero de los impuestos, la verdad, el futuro…”. 

Esta impavidez generalizada es consecuencia -aparentemente- de la impotencia acumulada durante los años de represión de la década perdida, en los que la persecución sembró el miedo y el enfrentamiento de clases avivó resentimientos escondidos.

Nos dividieron tanto, y tan profundamente, que la polarización nos hace imposible llegar a acuerdos -incluso mínimos- para vencer lo que a todos nos afecta: la corrupción y la impunidad. Ambas de tal magnitud, que parece que nos hemos resignado a ellas y ante ese acostumbrarnos a la descomposición, nuestra sociedad se está convirtiendo en un conglomerado sin ética, sin referentes positivos, sin norte. Se impone por eso el individualismo. 

Como el barco se hunde, cada quien trata de subsistir como le es posible en medio de tanta incongruencia y tantos absurdos. Pero esa supervivencia será efímera si el país se sigue destruyendo’.

La ciudadanía está apagada y debe reaccionar para rescatarlo, para reconstruirlo. No se puede evadir ni postergar esa responsabilidad.