Editoriales

Por una contraloría ciudadana

"No puede ser que la voz de los ciudadanos se manifieste únicamente en la queja sobre lo negativo de lo ya ocurrido, pero muy pocas veces se anticipe como reclamo previo"

Varios de los males que nos afligen podrían superarse haciendo un esfuerzo sostenido para cambiar la actitud de la población y que esta deje de ser pasiva ante lo público, entendiendo que con ese calificativo se denomina lo de todos y no únicamente lo que atañe al gobierno, en sus diferentes niveles: nacional, provincial y local.

No puede ser, por tanto, que la voz de los ciudadanos se manifieste únicamente en la queja sobre lo negativo de lo ya ocurrido, pero muy pocas veces se anticipe como reclamo previo. Con esa pasividad imperante, tampoco se la escucha para requerir de las autoridades el cumplimiento de las obligaciones que les atañen, en razón de sus nombramientos o como producto de la elección popular. Y, lo que es peor, sin la vigilancia de los mandantes, los mandatarios se sienten en capacidad de actuar en función de sus beneficios particulares, olvidando los de la comunidad.

Mucho mejoraría la vida, en lo cotidiano y en lo de largo aliento, si los ciudadanos, individual o colectivamente, deciden ejercer, organizándose para el efecto, una informada y persistente contraloría social, en tiempos en que los partidos políticos han abandonado ese importante rol. Bien se sabe que: no hay democracia sin control, ni control sin democracia.