Editoriales

CNEL: otro fracaso empresarial estatal

El patronazgo político y la pobre calidad del manejo de un servicio cuyo mote de “estratégico” es una burla, es otro de los requeridos cambios de paradigma, con el propósito de mejorar la calidad de vida de los ecuatorianos.

CNEL tiene el grandielocuente título de “empresa estratégica” como para recordarnos a todos que el poder del Estado está por encima de la ley y que los monopolios públicos están ahí para servir al bien común. La realidad es otra, no obstante los miles de millones de dólares invertidos en el sector eléctrico, CNEL es una empresa que entrega un servicio deficiente y caro. La tarifa marginal promedio para la distribución es de 4,6 centavos, y, sin embargo, los costos para los sectores industriales, comerciales y residenciales están entre los más altos de la región. La calidad se mide por la confiabilidad del servicio, y los constantes apagones nos recuerdan que se trata de un servicio deficiente y costoso para los clientes que deben sufrir a menudo la pérdida de sus aparatos eléctricos. La afrenta, finalmente, resulta en la violación a la ley, que no permite el cálculo al ojo de los consumos, y sin embargo es la modalidad de lectura abusiva de un proveedor eléctrico que no tiene la menor vocación de servicio.

El patronazgo político y la pobre calidad del manejo de un servicio cuyo mote de “estratégico” es una burla, es otro de los requeridos cambios de paradigma, con el propósito de mejorar la calidad de vida de los ecuatorianos.