Al casillero fiscal

  Editoriales

Al casillero fiscal

Hay casos que corren y casos que se empollan. Nadie sabe ni nadie ha explicado cuál es la razón por la que el ritmo de investigación es selectivo

Hay que averiguar con precisión cuál es el casillero de notificaciones para la Fiscalía, pues es notable la intermitente comunicación que recibe de notitia criminis. Unas le llegan con agilidad y con más agilidad son puestas en marcha como investigación. Y otras, como los papeles que llevan dos jotas como siglas, están empollándose desde hace meses. Si no hay nada, que se diga. Caso cerrado.

Pero si hay algo, habrá que explicar cuál es el razonamiento de esa celeridad selectiva. Lo que se ve desde fuera, a pie de calle y ojos de los legos en Derecho, es que la casualidad favorece siempre más a los pesos pesados que la causalidad. El silencio suena mal y no lo ampara la reserva de la investigación.

Es posible que esos vacíos de indagaciones respecto a las revelaciones que hace la prensa y que más que excepcionales se han vuelto recurrentes se deban a eso, a las interferencias en la comunicación. A que no llegan hasta el edificio de la sede fiscal las páginas informativas con los nuevos hilos de la vieja corrupción. Lo único que queda es apelar a que pongan a disposición el buzón de denuncias o el dato del casillero a donde se pueden enviar las revelaciones.