Editoriales

Por la boda sí se indignan

Qué poderoso efecto entontecedor tienen los temas triviales, cuando definitivamente hay asuntos más perjudiciales para todos

No estábamos invitados pero todos estuvimos en la boda de Quito que atrajo toda la atención este fin de semana. Que si había quejas porque se usaron recursos públicos y que si luego hubo un desmentido porque todo fue una gestión privada. Que si iba a servir como ventana para el turismo internacional o que si era un abuso el corte de calles por un evento particular.

Más allá de que este tipo de visitas provoca en todos los países alteraciones de tráfico y horarios, más allá de que hay un canal oficial para este tipo de peticiones y más allá de la reprochable forma de trato y de expresarse de una organizadora sobre las personas en vulnerabilidad, lo verdaderamente inaceptable es que sea un matrimonio de dos personas lo que encienda la indignación de la ciudadanía.

Este mismo fin de semana se denunció que decenas de asambleístas recién estrenados en el cargo tienen informes en su contra por manejo irregular de recursos públicos y que estos documentos están resguardados por la autoridad. Pero los ciudadanos y los políticos hablan de alfombras rojas. Como si el robo al Estado por millones no fuera el robo al ciudadano, al contribuyente que paga impuestos, al pueblo que necesita oportunidades. Qué poderoso efecto entontecedor tienen los temas triviales, cuando definitivamente hay asuntos más perjudiciales para todos.