Editoriales

Un año perdido

Una cadena de consecuencias que se desencadenó con las protestas para llegar, un año después, al mismo punto.

Aparte de generar ingentes pérdidas en bienes públicos destrozados, el único saldo de las protestas de octubre del año pasado ha sido la pérdida de tiempo. Las movilizaciones buscaban frenar la eliminación de subsidios, so pena de paralizar un país y de desestabilizar políticamente al Gobierno. A las protestas, siguió un definitivo desgaste de mayorías en la Asamblea que, al final del año, desembocó en la suspensión del acuerdo de financiamiento del Fondo Monetario Internacional. Mermado el flujo de dinero que se esperaba, llegó la pandemia e hizo más evidentes las estrecheces económicas nacionales. Una cadena de consecuencias que se desencadenó con las protestas para llegar, un año después, al mismo punto.

Los subsidios a los combustibles, que iban a retirarse en octubre pasado, están ya en la senda del desmantelamiento y el acuerdo del FMI ha reflotado tras un nuevo proceso de negociación.

Lo que Ecuador perdió, por tanto, fue tiempo, fue la posibilidad de haber iniciado el proceso de estabilización de sus cuentas internas, de haber enfrentado la pandemia con estrecheces, pero con un mayor margen de maniobra, de pasar al futuro presidente el testigo con parte de los deberes ya hechos.