Editoriales

Los alcaldes de teflón

Sin ciudadanía activa, los alcaldes y prefectos, salvo excepciones, se dedicarán a festinar sus escasos recursos.

A las múltiples manifestaciones del descontento popular en relación con la calidad y pulcritud de las administraciones locales, que ha llevado a los extremos de que algunos ejerzan su alta responsabilidad ostentando grilletes, se suma ahora una evidente impavidez.

Pareciera, por el poco entusiasmo demostrado en su ejercicio como alcaldes o prefectos, que al asumir sus cargos lo hicieron como quien inicia un período de vacaciones con la única responsabilidad de representar a las ciudades o a las provincias durante los días festivos o en la inauguración de la escasa obra pública que son capaces de generar.

Por supuesto, esta opaca situación cambia cuando los ciudadanos deciden asumir el rol de tales y en las calles y en los medios de comunicación se atreven a expresar sus protestas.

Por aquello de las autonomías, es irrelevante el rol correctivo que se puede esperar por parte del Gobierno central que, teniendo sus propios problemas, evade complicarse intentando presionar en ánimo de corregir aunque solo fuese la mala asignación de los recursos públicos que, pese a las grandes necesidades que deberían ser prioritarias, se destinan a realizar obras de oropel con sobreprecio y sin utilidad para la comunidad a su cargo.

Que así continúe ocurriendo solo puede evitarlo la acción ciudadana.