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Sophia Forneris | Mucho de nada

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La realidad que seguimos viviendo en este infierno que llamamos rutina

Hay cosas muy buenas y algunas malas que podemos decir del presidente Daniel Noboa. Como con cualquier otro mandatario, no siempre vamos a estar de acuerdo con sus acciones, pero esperemos que mejore nuestro futuro.

Hoy escribiendo este artículo me pregunto, sin mencionar el incidente de la embajada de México en Ecuador, ¿cuánto ha cambiado realmente en nuestro país? En mi opinión nada ha cambiado. Ayer, lunes 8 de abril de 2024, llegando a mi trabajo intentaron robarme a plena luz del día, sin tener los vidrios abajo. Eran cuatro niños armados, un lunes a las nueve de la mañana.

Esos segundos se hacen minutos y lo único que podíamos hacer era esperar: esperar a que cambie el semáforo, esperar a que se abra un hueco para poder huir porque en ese momento solamente teníamos una certeza: que nadie iba a intervenir para ayudarnos; esperar a que la criatura que estaba apuntándome no se desespere y se le escape un disparo por su inexperiencia.

Lo vi intensamente, creo que si cierro los ojos puedo describir cada detalle de su cara. Pero, ¿de qué sirve, si nunca lo van a procesar? ¿De qué sirve verlo a los ojos si a él no le importaba matarme por un iPhone dañado? ¡Qué iba a saber ese niño que yo no tenía ni siquiera dinero en efectivo!

Presidente, usted puede llamarlos como quiera: terroristas, inhumanos, ladrones; a ellos poco les importa, porque siguen haciendo lo que ellos quieren. Le hablo desde la realidad, la realidad de sus ciudadanos. La realidad que seguimos viviendo en este infierno que llamamos rutina.

Lo peor de todo no fue el intento de robo, porque no consiguieron robar nada, sino la normalidad con la que seguí mi día. No fue algo que me dejó intranquila, ya que: “todos somos un número y algún día nos llegará nuestro turno”. Esa es la realidad del ecuatoriano, saber que en algún momento será su turno y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo. 

Y esto duele, y duele mucho.