Columnas

Las mujeres no callan más

Afortunadamente para todos, el feminismo es una realidad tan generosa que las condiciones de igualdad que exige beneficiarán a todos.

Pueden protestar, pueden ridiculizar, pueden criticar, pueden negar la discriminación, pueden aislarse, pueden hacer lo que sea... Pero, afortunadamente para todos, para los que ven natural que las mujeres y los hombres tengan las mismas oportunidades y para los que se espantan por la creciente fuerza del feminismo, la realidad cambia. Los que oponen resistencia y los que se desentienden de una lucha tan lógica como la de la no discriminación también se beneficiarán de los logros ya palpables. No importa que no los quieran. Las futuras generaciones de machistas y terraplanistas del machismo también disfrutarán de algo tan insólito como una sociedad justa.

Cuanta más resistencia ponen, más evidente es el nerviosismo que deviene del resquebrajamiento de una realidad muy cómoda para los acreedores de los privilegios. No se movilizarían, no contraatacarían si no vieran que el cambio es irrefrenable.

La voz feminista -que no es solo la de mujeres, aunque ellas sean mayoría- gana. Es una tendencia irreversible. Falta camino, al igual que sigue habiendo muestras de racismo y xenofobia. Pero ya nadie va a hablar abierta y gratuitamente de que las mujeres solo sirven para esto o para lo otro o de que solo son un cuerpo o de cualquiera de las infinitas muestras de micro y macromachismos que aún perduran.

Ese es un discurso no aceptado. Es reprochado. Es injusto y es retrógrado. No va más. Al machismo le da miedo perder espacio y, con ello, poder. Pero vean, ustedes impusieron unas reglas de juego para que les favorecieran solo a ustedes y las mujeres aprendieron a jugar mejor, incluso en desventaja. Hay que saber perder.

Como pasa con los avances tecnológicos, habrá quienes esperen hasta el final para incorporarse a las tendencias que, aunque solo fuera por lógicas o pragmáticas, acaban imponiéndose. No tardaremos mucho en ver a los machistas con la misma nostalgia e incluso condescendencia con la que ahora miramos a quienes se aferran al pasado. Créanlo, no hay vuelta atrás. Ocupamos el espacio laboral, el educativo, el académico, el de debate, el gestor, el político, el de las ideas, el deportivo y sumando. No vamos a ceder ni un paso dado.