Una tregua llamada mamá

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Una tregua llamada mamá

... en unas horas será el Día de la Madre, y propongo una tregua para respirar un aire menos viciado que el que nos inyectan nuestros gobernantes...’.

Que delincuentes en ejercicio salen libres porque el sistema está tan podrido que la ley es un papel… que sirve para la higiene. Que los dueños del país y los que quieren serlo se trenzan en demostrar quién tiene más o menos de eso que ponen las gallinas. Que nadie sabe si la mascarilla debe usarse, porque a quienes mandan les importa menos la salud social que sus rencillas de poder. Temporales.

Habría tanto qué proponer o de qué quejarse, pero en unas horas será el Día de la Madre, y propongo una tregua para respirar un aire menos viciado que el que nos inyectan nuestros gobernantes.

Fue más que aire lo que nos regaló nuestra madre desde que nacimos. Fue la primera imagen, envuelta en su sonrisa. Fue el primer sonido, empaquetado en un arrullo. Y fue el primer calor, concentrado en su pecho que era a la vez abrigo y alimento.

Y a partir de allí fue el canto, la reprimenda con correas que en verdad eran cintas, la enseñanza con ejemplos. Fue ella quien nos enseñó el valor de todo lo que realmente importa: “no tiene precio, porque no se compra”... ¿Qué principio se expresa en las largas vigilias de una madre cuando uno de sus hijos enferma? ¿Qué lección sin palabras cuando ella nunca come primero? ¿Qué mantra deberíamos grabarnos a fuego cuando antes de juzgar siempre escucha? ¿Qué orden de vida cuando nos despedimos y solo nos pide ser fe-li-ces mientras su corazón queda hecho flecos?

A ella le debemos la perseverancia de los que sienten que la vida ES sinónimo de lucha; el valor de pedir perdón y redimirse; la alegría de quienes no almacenan rencores ni lágrimas porque saben que sin atravesar el dolor no habrá sabiduría. A ella, el coraje ante los malos tiempos.

Y también el arrumaco, el abrazo prologando, la caricia del alma, el achucho. Sin ella no tendríamos ni idea, o sería muy pobre, de eso que llamamos ternura. Sin ella se nos apaga el mejor de los latidos que llevamos dentro...

En medio de una sociedad sorda y ciega que en vez de reconstruirse se deshace, propongo una tregua. Para ver si cae algo de luz a un país que más que un presidente parece necesitar de una mamá. Y su amor inmenso.