El país golpista

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El país golpista

Claro que para eso se requiere una justicia autónoma… Pues entonces, entendamos lo vital que es contar con una así y construyámosla....

Una gran enseñanza que nos dejan países como Costa Rica es que, para construir democracia, es imprescindible respetar las reglas del juego. Por ejemplo, las de la sucesión presidencial. Si elegimos un jefe de Estado por un tiempo predeterminado, no podemos pensar en derribarlo cada vez que los vientos no le favorezcan. Deberíamos ver nuestra elección como una camisa de fuerza y, precisamente por eso, ser más responsables al tomarla. Respetar las reglas es respetarnos a nosotros. Deberíamos recordarlo en estos días de discursos y acciones conspirativas.

En Ecuador hemos ido en contravía: 16 golpes de Estado fueron exitosos y otros tantos no lograron su objetivo, ¡en menos de dos siglos de existencia! Tenemos el doble que Perú y el triple que Colombia. Y 30 veces más que Costa Rica, que solo tuvo uno... ¿Democráticos nosotros?

Los golpes son el pretexto que los militares o las élites utilizan, en ocasiones con nuestro tonto permiso, para romper decisiones que deben ser inviolables: elegimos presidentes, no administradores a medio tiempo. Esa herramienta debería ser absolutamente excepcional; por ejemplo, para usarla contra los tiranos. Y poco más.

Lo que en el fondo cocinan varias fuerzas en la Asamblea Nacional tiene aires golpistas. Y para ello algunos gremios nuestros (los del transporte, por caso, tan oportunistas) suelen ser aliados esenciales. Digámoslo claramente: a Abdalá Bucaram lo echaron 44 diputados que se vistieron de psiquiatras y lo declararon loco, cuando lo correcto era que intervenga la justicia y lo juzgara por sus reales o presuntos latrocinios. Vale lo mismo para Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. Claro que para eso se requiere una justicia autónoma… Pues entonces, entendamos lo vital que es contar con una así y construyámosla.

La sociedad que se nutre de revueltas está en pañales. No resuelve sus problemas básicos echando mandatarios que elige el pueblo, sino edificando instituciones sólidas y educándose en una lección mayor: el imperio de los valores democráticos: libertad, esfuerzo, transparencia, justicia, respeto. Los golpistas no saben de eso, solo escupen para arriba.