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Columnas

Le ayudamos, licenciado

"Usted dice que “la corrupción es un mal que roba el futuro de nuestros hijos”. Tiene razón. Pero, por suerte, no el futuro de su hija"

Siempre ha pedido el licenciado Moreno que lo ayuden a combatir la corrupción, ese mal que no se originó en su gobierno, pero que hoy ha tocado los niveles más bajos de podredumbre que recordemos. Robar en plena pandemia y cuando estamos quebrados, es hacer que los rufianes y bandoleros que nos asaltaron parezcan niños de pecho.

Yo le ayudo, licenciado, con una precaria idea. Recuerde lo que decía el filósofo Horst Matthai Quelle: “el verdadero problema no es la moral, sino la acción individual”. Lo que de verdad cuenta no son los principios que pregonamos tener, sino las acciones que tomamos. O cometemos.

Y usted, licenciado, está en un cargo en el que todo lo que hace se nota e influye más. Cuando usted permite que algún familiar mame de la teta del Estado, les está diciendo a sus ministros y asesores y asistentes que eso se permite. Que está bien.

Pero no lo está. Porque su hijita no está allí por sus méritos, sino por sus influencias. ¿O Ud. cree que entre los 5.000 magísteres y políglotas desempleados que tenemos no hay mentes tan brillantes como la de ella?

Y cuando un presidente lo hace, entonces por extensión esa raza vil de hombres y mujeres audaces que han hecho del servicio público su negocio y su cuchara, le copian felices el ejemplo.

Y se justifican. Usted en que su hijita es brillante. Y en que no la nombró su gobierno, sino el de su exjefe y mentor, “el gigante de América”, ¿lo recuerda? Ellos en cualquier cosa. Y por eso la función pública está llena de hermanos, esposos, primos y amantes del que aceptó el cargo “por amor a la patria”.

Le ayudamos, licenciado. Y no es que al hacerlo la corrupción se irá. No. Somos tontos, pero no tanto. Pero déjenos creer que cuando exista un dirigente, uno solo, que haga del ejemplo norma: ser y parecer; que prohíba a sus amigos y familiares verle ni las narices mientras le dure el cargo; que salga más pobre de lo que entró, o menos rico, entonces los ciudadanos creeremos.

Por algo se empieza, licenciado. Usted dice que “la corrupción es un mal que roba el futuro de nuestros hijos”. Tiene razón. Pero, por suerte, el futuro de su hija no se lo ha robado. El de su hija, no.