Columnas

No te absuelvo, Fidel

Cuentero de leyenda, acribillaba a sus oyentes con un arsenal de datos que en su lengua de casanova parecían ciertos.

Corrían los convulsos años 60 del siglo XX. En plena Guerra Fría, Cuba vivía su gran revolución, pregonando la justicia social y la fraternidad planetaria. Pero tras las hermosas proclamas yacían lacras que no superó: persecución criminal a cualquier disidencia, ineptitud para dirigir el Estado y dependencia servil al amo de turno: la URSS o Venezuela.

Ante cada fracaso, el líder Fidel Castro esgrimía su lema totalitario: “Con la Revolución todo, sin la Revolución nada”. O sea: sobrevivir de rodillas u optar por el exilio. O la muerte. Por eso, cuando el mundo empezó a ver a Cuba sin inocencia, él lo despachó repitiendo su frase histriónica de 1953: “La historia me absolverá”.

61 años después de la gesta de los barbudos en Sierra Maestra, el balance desgarra: Cuba no garantiza un nivel de vida digno a más del 70 % de su gente. Las libertades no existen, y eso incluye horrores que serían inimaginables en cualquier democracia de medio pelo: no hay la libertad de tránsito y está prohibido pensar… a menos que se piense que la verdad es el Partido, el Socialismo a la cubana, Fidel.

Su -con razón- elogiado proceso educativo se estrelló con el mercado: en mis viajes a Cuba vi taxistas con PhD, políglotas vendiendo cachivaches, o jóvenes que laboran dos días a la semana para esconder las cifras del desempleo. Se salva su estupendo sistema de salud. Pero la calidad de vida humana es mucho más que eso. ¿O aún cree alguien que se puede vivir con 10 dólares al mes?

A pesar de los pesares, la figura del líder no se agrietaba. Gran conocedor del alma, sedujo a acólitos y adversarios. Cuentero de leyenda, acribillaba a sus oyentes con un arsenal de datos que en su lengua de casanova parecían ciertos. Pero no pudo ocultar la realidad de un proceso fallido. Cientos de miles fugaron como pudieron de la isla en estos años… ¿Y los millones que no pudieron?

Cuba es un país en hilachas, triste, resignado. Hay, como en la Habana Vieja, una realidad descascarada, que se cae a pedazos.

Ayer los adoradores de Fidel volvieron a absolverlo de culpas. Pero no lo merece. Yo no te absuelvo, Fidel. Y creo que la historia tampoco lo hará.