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Aspirina para el cáncer

Avatar del Rubén Montoya

Sin política de Estado, cualquier medida antinarco es como atacar un cáncer con aspirinas

El narcotráfico es un cáncer. Los países que lo sufren toman décadas en luchar contra él y nunca pueden declararse vencedores: la droga es el principal generador de dinero sucio en el mundo, por encima incluso de las armas y la esclavitud sexual. Y un aliciente potente para consumidores que venderían a su madre por su adicción. Colombia lleva más de 4 décadas y tiene recaídas; México tiene uno que parece terminal.

Ecuador aún no percibe la magnitud de la tragedia. Autoridades y ciudadanos no quieren aceptar que la “isla de paz” murió hace 20 años y que el “país de tránsito” ya es uno de tráfico y sus ramificaciones.

El presidente Guillermo Lasso habló esta semana del problema, pero los datos que entregó muestran que tampoco él siente la hondura. Sostuvo que la guerra de carteles que soporta Guayaquil se debe a que el territorio por el que sacan los estupefacientes “se ha achicado”. O sea: si el Estado controla la ciudad, los narcos se quedan sin salida… Esa parece ser su tesis.

¿Y Manabí? ¿Y esa tierra de nadie que hemos permitido se convierta Esmeraldas? Los narcos exportarán desde cualquier caleta.

La guerra contra ellos engloba aristas que se interconectan: tráfico y consumo, control carcelario, administración de justicia, marcos legales… Obliga a una política de Estado que no dependa de la temporalidad de los gobiernos; por lo mismo, requiere liderazgo, consensos políticos, y un grado de conciencia sobre el nivel de la enfermedad. Nada de eso tenemos aún.

Manejamos esas aristas como si fueran aisladas: solo hablaremos de las cárceles cuando haya una nueva matanza. Olvidaremos el repunte delictivo si los militares bajan los índices, temporalmente. Y nos daremos por satisfechos si capturamos más toneladas que el año pasado…

Mientras tanto, cerramos los ojos a lo evidente. Si hay tanta droga en la calle y solo en las cárceles los carteles tienen a 25 mil aliados (¿cuántos tienen afuera?), deberíamos preguntarnos: ¿a quiénes se la venden? ¿Quién diablos la consume? Estadounidenses no son, se los aseguro.

Sin política de Estado, cualquier medida antinarco es como atacar un cáncer con aspirinas.