Columnas

¡Andrés, Andrés!

¿Es ese el que podemos elegir como presidente? ¿En serio?

Por muy subdesarrollados que seamos como país, tenemos la obligación de aspirar a lo mejor; no en el sentido de perfección, pero sí de crecimiento y consciencia. Una sociedad más justa implica ciudadanos menos conformistas; más pujantes y activos. Y unos líderes -por lo menos- un poco mejores que nosotros.

¿Lo es Andrés Arauz, el candidato que lidera las encuestas? No parece. El mismo que ofrece dar $ 1.000 a un millón de familias para “incentivar” la economía, se llevó $ 27.000 por ser un burócrata comodín de Rafael Correa. Que quería ser funcionario de carrera del Banco Central, alega. ¿De cuál carrera? Trabajó 2 años allí y después a cada rato parecía pollo en fuga: llamado de emergencia para tapar cuanto hueco había, fue por igual asesor, director, subsecretario, ministro y firma cheques, en cinco vacas lecheras diferentes.

Como tantos burócratas correístas llegados a las alturas sin saber ni persignarse, Arauz trepó a ministro ¡de Cultura! para firmar un contrato chueco que su titular, Raúl Vallejo, no quería. “Aquí estoy para lo que ordene”, parecía ser su lema. En otros tiempos lo habrían llamado un eficiente muchacho de mandados. ¿Es ese el que podemos elegir como presidente? ¿En serio?

Si a él le parece ético pedir una licencia por estudios, pero dejar empollando a la gallina para que luego le compren la “renuncia”, entonces poco esperemos cuando maneje el dinero ¡de todos! como si fuera su alcancía.

Y hay otro Andrés que debería andar con las cejas entre las piernas. El concejal guayaquileño Andrés Guschmer, el mismo que sabe que el rebrote de la COVID es un hecho -en un país que sigue a la cola de la vacunación en Sudamérica- clama por un lado que nos cuidemos. Pero igual va y anima, tan simpático él, tan orondo y tan sin mascarilla, una fiesta de graduados, donde 300 bailan al compás del juego que mejor juegan y más les gusta: “las reglas son para los otros, para nosotros la bailanta”.

Líderes un poco o mucho mejores que nosotros necesitamos: a esos debemos elegir. No a los que nos hacen sentir que nuestro destino en sus manos es una ruleta rusa. O un vulgar saludo a la bandera.