Columnas

¡Ahí viene el lobo!

'El correcto manejo de la eventual crisis (por el coronavirus) dependerá de la calidad de la estrategia que ejecute Carondelet'.

La posible pandemia del coronavirus, que podría llegar a nuestras tierras, trae aparejado un peligro tan letal como la enfermedad: la desinformación. Un asunto de esta envergadura, que puede poner patas arriba no solo la economía planetaria, demanda una sólida estrategia comunicacional, algo que nuestro gobierno no conoce o practica muy mal.

Flojo en la generación de mensajes, el régimen se ha manejado rústicamente en los grandes temas. Por ejemplo: se pasó 2 años diciendo que la culpa de todo era de Correa y su red de corrupción… y no hubo ni una auditoría seria para comprobar lo aseverado, ni acciones eficaces para recuperar parte del botín. Cuando el secuestro y muerte de los 3 periodistas de El Comercio, sus familiares calificaron de “burla” a los informes oficiales. En fin: en el paro de octubre, en el caso del ciudadano chino presuntamente infectado, o en el manejo de las reacciones viscerales contra la comunidad venezolana, sus mensajes han sido reactivos y sinuosos.

Menos de 1 de cada 5 ecuatorianos cree en la palabra presidencial, según Cedatos. Eso debe preocuparnos, pues el correcto manejo de la eventual crisis dependerá de la calidad de la estrategia que ejecute Carondelet. Allí estará el manejo del pulso nacional. Si sus mensajes son seguros y claros el pueblo responderá en consonancia. Pero si usa ese lenguaje confuso y cuántico, que está más cerca del cuento que de la verdad, que retacea o esconde datos, y que busca distraer en vez de enfrentar, entonces la ciudadanía hará lo que le dicte su conciencia o, lo que es peor, la histeria de las redes sociales.

Ojalá el régimen diseñe los protocolos que demandaría una emergencia así, utilizando como bandera la verdad y también un par de armas que exigen las tormentas: serenidad y prudencia.

Que mentir no se le ocurra, y que no tenga miedo a reconocer una falla o exigir un sacrificio. Porque en las crisis, lo único que no puede perder un líder es la confianza de su gente. Si le dice “ahí viene el lobo”, que sea cuando viene y sabe cómo enfrentarlo. De lo contrario, cuando en realidad aparezca, será demasiado tarde para creerle.