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Rubén Montoya Vega | Los principios no son bisagra

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Debiéramos ser más exigentes y menos sinuosos

Es por lo menos curioso el modo en que muchos usan una doble vara para juzgar actos parecidos. ¿Por qué lo hacen? Quizás porque en el análisis de los hechos no los mueva la búsqueda de la verdad, sino la prevalencia de su interés. O sea que, en vez de principios, lo que bien pueden tener es una bisagra.

A modo de ejemplo: ¿por qué está mal que la justicia o sus operadores sean controlados por un gobierno que nos cae mal, pero está bien que sean los muchachos de mandados de otro que nos agrada? Cabe preguntárselo, mientras el país asiste a la más desvergonzada defensa que hace el poder (por acción u omisión) del presidente del Consejo Nacional de la Judicatura, Mario Godoy, funcionario que llegó aupado por el correísmo, pero se atornilló al cargo con el apoyo velado del régimen. Una defensa que se da en medio de algo que debería horrorizarnos por todo lo que implica: el desamparo en que el Estado (con la Policía Nacional a la cabeza) dejó al juez anticorrupción Carlos Serrano.

Debiera horrorizarnos, aunque ni nos inmuta. ¿En qué lodazal de cinismo o de indolencia hemos caído para avalar la explicación de la Policía Nacional, según la cual el nivel de riesgo de Serrano ha disminuido? No lo olvidemos: es el mismo juez que, ante todo aquel que quiera verlo, y en audiencia pública, fue amenazado de muerte por un narco.

Otro caso: ¿por qué es corrupto un ministro -del gobierno que nos disgusta- cuando contrata con sobreprecio y, en cambio, es ingenuo uno -del régimen que defendemos- y contrata como equipos nuevos unas vulgares chatarras? ¿Les suena Progen y el asalto? ¿Les suena Austral y los millones de dólares botados? ¿Por qué unos son ladrones y los otros, víctimas?

Termino con este: 2025 cerró como el año más violento en la historia de Ecuador. O sea que algo hacemos mal, muy mal, y no es precisamente cobrar el IVA al alza…

El 2026 deberíamos ser más exigentes y menos sinuosos. El que roba es un ladrón, sea mi adversario o mi amigo; y el corrupto lo es, sin importar el membrete. Porque el país en UCI que tenemos no saldrá de allí mientras creamos que la verdad es plastilina y los principios una bisagra.