Rubén Montoya Vega | Ahora que ya no soy pobre
Tendría, con esos 20, para ver medio tiempo del partido de Messi en Guayaquil, porque la entrada más barata cuesta 40
El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) nos ha dado una gran noticia a más de un millón de ecuatorianos: oficialmente hemos dejado de ser pobres: ahora solo es el 21 % del total de la población; el año pasado éramos el 28 % y en el 2020, el de la pandemia, éramos uno de cada tres.
¡Vamos progresando!
En el nombre del millón de nuevos no-pobres quiero celebrar el logro. Y mostrar la brutal dimensión de la conquista: yo era pobre porque tenía ingresos de hasta US$ 91,55 cada mes; ahora que gano 92 ‘dólar’, ¡estadísticamente ya no lo soy! Si viviera en Colombia solo dejaría de ser pobre si ingresara 468.000 pesos ($ 128) y si lo hiciera en Perú hasta recibir 378 soles ($ 126). De Chile mejor ni hablo, porque allá es jodido ser pobre: hay que ganar menos de $ 500.
Aquí, en cambio, es pendejadas dejar de serlo: ya llegué a 92 ‘dólar’ por mes. Eso es lo que cuenta para el INEC y para el señor presidente de la República, que anda por el mundo pregonando la buena nueva, el maravilloso logro que, seguramente y como ha pasado tantas veces, nos convertirá en la envidia del planeta. Miren lo que puedo hacer con eso: puedo almorzar una vez al mes un plato de tortillas en el mercado de Ambato, donde el Mono Peralvo, que son a 3 ‘dólar’, con vaso de chicha, y me quedarían 2 ‘dólar’ el resto del mes para toooodo lo demás: desde comprar un calzoncillo hasta pagar el plan del celular, o las gasas si me toca caer en un hospital público. O puedo comer un encebollado al día, nada más, en el Pez Volador guayaco, pero doña Angélica debería fiarme para el chifle.
Aunque quizás debería comer pasando un día, porque el bus o la metrovía no fían, y a pie es lejos ir. Y pensándolo mejor, podría ser que almuerce cada tres días, porque para celebrar que ya no soy pobre pensaba ir al cine una vez al mes, unita nada más, y entonces allí se me irían casi 20 ‘dólar’, por la entrada y un combo de cola, canguil y ‘jogdog’. O tendría, con esos 20, para ver medio tiempo del partido de Messi en Guayaquil, porque la entrada más barata cuesta 40. ¿Me dejarán entrar?
¡Gracias, señor presidente! ¡Qué fácil y lindo es dejar de ser pobre en este país!