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Diario Expreso Ecuador

 

El silencio cómplice

Los gobernantes, todos, con su inacción o la de los funcionarios que nombraron, o con su silencio, se han convertido en cómplices de la corrupción

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Me resulta inverosímil que un académico, que se jacta de haber participado en altos puestos directivos en diversos gobiernos, pregunte ahora por qué hay tanta corrupción en el país y por qué las autoridades de turno no han hecho nada para cambiar el actual estado de las cosas.

Hay muchas respuestas para esta interrogante, pero la que debe hacernos reflexionar a todos es que somos millones los responsables de la permisión, partiendo desde los electores, que hemos escogido mal a los gobernantes, locales o nacionales, que son los que a su vez han seleccionado mal a algunos integrantes de su gabinete. Como si todo tuviese un efecto dominó, han sido ellos mismos los que han liderado o integrado las redes de corrupción o son los que han mirado hacia otro lado, ignorándolas, a pesar de haber dicho públicamente que estaban luchando contra ellas.

Los responsables políticos han sido, en parte, los presidentes de la República y sus ministros, o gerentes de las empresas estatales, que no fueron capaces de cortar los tentáculos de la corrupción porque, en muchos casos, involucraban a parientes, amigos o conocidos. No hay que olvidaron los casos Dahik y Flores y Miel, en el gobierno de Sixto Durán-Ballén; la Mochila Escolar y la corrupción en la Aduanas, en el de Abdalá Bucaram; el piponazgo en el Congreso, en el interinato de Fabián Alarcón; el feriado bancario en el de Jamil Mahuad; el peculado en la CFN, en el de Gustavo Noboa; la corrupción de Patricio Acosta y Renán Borbúa, en el de Lucio Gutiérrez; el peculado en Andinatel en el de Alfredo Palacio; el caso Odebrecht, la Refinería del Pacífico, Arroz Verde y otros en los gobiernos de Rafael Correa y Lenín Moreno; y la mafia albanesa en el de Guillermo Lasso.

Los legisladores también son responsables, porque muchos han estado involucrados en actos de corrupción y otros hicieron poco para combatirla, partiendo del hecho de que con sus votos no permitieron la aprobación de proyectos de ley que habrían ayudado a este cometido, o estos duermen el sueño eterno en el archivo legislativo.

Hay miles de ejemplos con los que se puede explicar por qué los corruptos siguen libres, gastando lo mal habido, y apropiándose de los recursos públicos. El silencio también los convierte en cómplices.

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