Columnas

Baratillo electoral

"El perfil de los candidatos debe ser muy escrutado previo a las elecciones para no caer en el canto de sirenas del populismo demagógico y mesiánico, de cualquier sector del que provenga"

Las necesidades insatisfechas de los habitantes de un país y la diversidad ideológica hacen que exista una pluralidad política que se evidencia en los procesos de transición democrática. Los representantes de esas tendencias son los que usualmente resultan nominados para candidatos.

El grupo político que aspira al control del gobierno tiene obligaciones y requisitos que cumplir, aunque lamentablemente ya no sea requisito la experiencia, capacitación y probidad para ser presidente, vicepresidente de la República o asambleísta, para lo cual solo se requiere ser ecuatoriano por nacimiento, haber cumplido treinta y cinco años de edad a la fecha de inscripción de su candidatura, estar en goce de los derechos políticos y no encontrarse incurso en ninguna de las inhabilidades o prohibiciones establecidas en la Constitución.

Desaparece la tan cacareada meritocracia, para proceder a la proletización de las funciones públicas, adquiriendo más importancia la popularidad positiva o negativa del candidato, que las competencias y experiencia que pudiera tener para manejar los temas de Estado y encontrar soluciones a los graves problemas que afectan a la población.

¿Qué solución puede dar una persona que no ha administrado ni un charol de caramelos, no ha generado trabajo, bienestar o ingresos para su familia o para otras personas, sin conocer de producción, procesos de gestión y de relaciones internacionales? Cualquier ciudadano, con base en una mal entendida igualdad de derechos, puede acceder a la primera magistratura, así fuere analfabeto.

El perfil de los candidatos debe ser muy escrutado previo a las elecciones para no caer en el canto de sirenas del populismo demagógico y mesiánico, de cualquier sector del que provenga. Lamentablemente, la codicia y ambición propias de la naturaleza humana hacen que personas sin reunir las mínimas cualidades de experiencia, probidad y competencia que debe tener un gobernante o asambleísta se lance para candidato, feriándose los fondos estatales en sus campañas pagadas por el Estado, en una especie de baratillo electoral.