Columnas

Estado de barbarie

"El delincuente se ríe del uso progresivo de la fuerza que incita a que ellos ataquen a la Policía o a las víctimas desde el inicio y con todas las armas que tengan..."

Barbarie es la actitud de crueldad y violencia social, con ausencia de civilidad, educación, cortesía, respeto y humanización, sin principios humanos o valores éticos ni morales, sin respeto o temor a las autoridades, agentes del orden, leyes de los hombres y o a la ley de Dios. Es producto de las falencias de los hogares y del Estado en los procesos formativo, educativo y cultural de la persona, convirtiéndolas en irreverentes, conflictivas, agresivas y hedonistas.

El motín sangriento y cruel organizado de manera sincronizada el mismo día y hora en tres centros de reclusión, en Guayaquil, Cuenca-Turi y Latacunga, ha dejado como saldo 79 muertos, de los cuales solo en Turi hubo 34 crímenes con masacre, mutilaciones y degollamiento, para luego, cual ritual demoníaco, ensañarse contra los restos utilizando machetes, cuchillos, garrotes, incinerándolos después, y evidenciando el estado de barbarie imperante en nuestros mal llamados Centros de Rehabilitación Social.

En las noticias los familiares de las PPL en Turi se quejaban que la Policía no había actuado con firmeza y fuerza para repeler el amotinamiento ordenado y organizado por la disputa del mando entre las bandas que operan dentro y fuera de las prisiones. En el mismo lugar, meses atrás, familiares y organizaciones de derechos humanos reclamaban por el maltrato a un grupo de internos, por haberlos acostado boca abajo en el suelo frío de la cárcel, cuando la Policía estaba desarmando otro motín, tal vez con las mismas características de este. En esa ocasión condenaron penalmente a varios policías por haber actuado con fuerza y contundencia ante un evento ilegal y altamente peligroso por producirse. Ahora reclaman porque la Policía no ha actuado con la mayor fuerza posible. Pero así las cosas, la Policía no podrá actuar porque no tiene garantías para el efecto. El delincuente se ríe del uso progresivo de la fuerza que incita a que ellos ataquen a la Policía o a las víctimas desde el inicio y con todas las armas que tengan, poniendo en desventaja a los elementos del orden y al ciudadano, con apoyo del sistema.