Columnas

Lo que se nos viene

Solo hay que preguntarse por qué. ¿Ignorancia, ineptitud o conveniencia?

Un país no puede ser gobernado por una banda de cleptómanos. Permitirlo destruye un valor social supremo: el bienestar general, existente desde 1830 (Constitución, art. 66) que los tunantes de Montecristi cambiaron por su delincuencial “buen vivir”. Ahora sabemos a la buena vida de quién se referían.

Y como una gavilla de asaltantes no puede conducir el destino de una nación, países como Chile les prohíben ser candidatos. Su Constitución dispone que: “El derecho de sufragio [elegir y ser elegido] se suspende: 2. Por hallarse la persona procesada por delito que merezca pena aflictiva”. (Más de 3 años). No se necesita sentencia ejecutoriada.

Lo increíble: nuestra Constitución del 98 era igual. Solo bastaba ser llamado a la etapa plenaria del juicio penal. Pero lo planearon muy bien: dejaron a los roedores enquistados en la justicia para impedir las sentencias. Por eso la Constitución debe decir: “Ninguna agrupación política que -de cualquier forma tenga o haya tenidos nexos con personas investigadas por corrupción- podrá participar en procesos electorales”.

Hay que impedir que nos sigan saqueando. La sociedad está obligada a proteger el bienestar general, como hizo Ecuador en 1830. Lo único que justifica el poder de los gobernantes para decidir sobre nuestras vidas, sus sueldazos y la potestad de entregarle todos los contratos públicos a sus amigotes, es la protección de ese bienestar general. Lo demás son cuentos.

La justicia boliviana anuló la sentencia de Evo. Tonces, lo que se nos viene es de terror. Para salvar al país antes de las elecciones, la mejor Corte de la historia debe interpretar la Constitución, tutelando nuestro derecho a la decencia y estableciendo la regresión -que sobre el derecho a escoger entre candidatos decentes y no entre pillos- hemos sufrido los ecuatorianos respecto de la Constitución del 98. Lo que también es una regresión del bienestar general. Nuestro problema es que -queriendo la mayoría cambiar las cosas- los únicos que podrían cambiarlas, no lo hacen. Solo hay que preguntarse por qué. ¿Ignorancia, ineptitud o conveniencia?