Ricardo Arques: La explosiva política española
Pedro Sánchez liquidó desde dentro al tradicional PSOE y ahora, desde la Presidencia del Gobierno, liquidará también a España si nadie lo remedia
No se sabe qué es peor en el reciente tránsito de España, si la aparición de Pedro Sánchez con su desmedida obsesión por el poder o la desaparición de señas capitales en el Partido Socialista Obrero Español, PSOE, desde que el mismo Pedro Sánchez lo lidera. España debe mucho de su avance al viejo PSOE, el de las formas, y su reconversión y vuelta es imprescindible para el equilibrio político español. Este doble matiz en blanco y negro, de crítica y loa a un tiempo, justifica reclamar al PSOE la recuperación de la coherencia y el sentido de Estado extraviados de su conducta política. Pedro Sánchez liquidó desde dentro al tradicional PSOE y ahora, desde la Presidencia del Gobierno, liquidará también a España si nadie lo remedia. Con estos antecedentes Pedro Sánchez puede ser otra vez presidente del Gobierno de España. Habrá que esperar hasta el próximo 27 de noviembre para saber si el líder socialista repite en la Moncloa, sede del Gobierno, o tendrán que celebrarse nuevas elecciones para renovar el Ejecutivo. Sánchez irá al refrendo del Parlamento como candidato de segundas nupcias porque perdió las últimas elecciones frente al Partido Popular, PP, y su líder, Núñez Feijoó, no ha alcanzado los votos de aprobación suficientes en el fragmentado hemiciclo español. Sánchez sí puede lograrlo apoyándose en el mismo andamiaje que le llevó a la Presidencia en 2018; a saber: en coalición de Gobierno con la izquierda antisistema y en pactos con tres partidos del independentismo radical, dos catalanes y uno vasco, el que ejerció como brazo político de ETA durante los años de su actividad terrorista. Esta vez los independentistas catalanes ponen el listón muy alto a Sánchez: referéndum de autodeterminación y amnistía para los protagonistas del golpe que proclamó unilateralmente la República catalana y su separación de España en octubre de 2017. Sánchez está en conversaciones sobre ello mientras su aparato propagandístico defiende el acercamiento apelando a la necesidad de negociación y consenso entre dispares. 'Así es la democracia', viene a decir. Que haya expresiones independentistas o de cualquier índole, sí es democrático. Que esas expresiones formen parte del Parlamento para defender sus intereses, sí es democrático. Que el Gobierno de la nación, cuya principal misión es la preservación y prosperidad del Estado, se alíe y pacte con partidos independentistas cuya principal misión es destruir el Estado, no es democrático. Eso es indecente.