Columnas

La solidaridad de la Unión Europea está en sus genes

No será diferente esta vez.

El día en que miremos atrás, después del coronavirus, despertaremos en otro mundo. Nadie sabe todavía cómo se habrán movido las piezas en el tablero de ajedrez, ni quiénes saldrán como ganadores y quiénes como perdedores; qué economías habrán quebrado y cuáles se recuperarán más rápido. Tampoco conocemos si podremos seguir gozando de libertad y de privacidad o quizá ya no tanto; si nos abrazaremos como antes o si el distanciamiento social será parte de nuestras nuevas costumbres afectuosas. Lo que sabemos es que se pedirán cuentas, se juzgará las actitudes de la gente, las decisiones de los políticos, las posiciones de los países y se medirá la solidaridad entre ellos. Y no seamos ingenuos, estos juicios van a tener un tinte político y un sabor populista.

En plena crisis, la Unión Europea, esta integración política tan única, fue muy criticada: en especial el hecho de que la solidaridad que la caracteriza desde su fundación estuvo dolorosamente ausente cuando se la necesitaba más. Y no hay que negarlo, este instinto humano que busca sobrevivir y volverse hacia uno mismo antes de ayudar al vecino se vio claramente al inicio de la emergencia en Europa, como en todo el mundo. Costó vidas. Por esto Italia, el primer país en la Unión Europea atacado por la pandemia, recibió la sentida disculpa de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen por no haber recibido ayuda inmediata.

Sin embargo, las críticas sobre la lentitud y la falta de solidaridad han sido exageradas. ¿O acaso se ignora que el Banco Central Europeo compró una deuda de EUR 750.000 millones para impedir que varios países europeos quiebren; que las reglas tributarias para los países ‘euro’ se han flexibilizado; o que se ha garantizado el funcionamiento del mercado europeo para que los suministros médicos puedan llegar? ¿No se notó que se propuso un fondo europeo para garantizar el empleo; que se armó un ‘paquete’ de ayuda ‘Equipo Europa’ para ayudar a los países terceros? Sin duda, sufrimos un choque y reaccionamos con retraso; pero la solidaridad está en nuestros genes. A pesar del hecho de que, esta vez, somos el continente más afectado y necesitamos también el apoyo de otros.

El ‘Equipo Europa’ se puso a trabajar arduamente en muchos países. En Ecuador buscamos fondos nuevos para equipar centros médicos y entregar equipos de protección; reorientamos fondos ya asignados para direccionarlos a las prioridades y necesidades actuales, como por ejemplo la educación ‘on-line’ y la entrega de kits de alimentación a los pueblos indígenas más alejados; y adelantamos fondos para incrementar la liquidez financiera del Estado, tan necesaria en estos tiempos difíciles.

Aquí estamos y seguiremos: con un compromiso de solidaridad incondicional. Hace 70 años, el 9 de mayo 1950, un canciller francés hizo una declaración famosa, la Declaración Schuman. Esta es considerada como el inicio de la construcción de la Unión Europea. A lo largo de estos 70 años hemos conocido momentos difíciles pero siempre los hemos superado uniéndonos más. No será diferente esta vez.