Columnas

La devaluación de las buenas intenciones (y de algunas marcas…)

Ya pasó el momento de la poesía audiovisual. Ya estamos todos en las calles y viviendo en el mundo real.

Estamos saliendo paulatinamente del experimento sociológico más importante jamás realizado. El mundo se detuvo y se nos pidió a los ciudadanos encerrarnos en nuestras casas; en nuestro país se inició hace más de 100 días.

Los cambios de hábitos personales, de consumo, de interacción social, de estudio, de trabajo, etc., modificaron todo radicalmente durante el encierro.

Muchas veces durante este escuchamos hablar de la “nueva normalidad”, que nada será como antes del encierro, cuarentena o como quieran llamarlo. En este periodo pensé que como especie habíamos entrado en una etapa de introspección, de meditación y reflexión sobre lo realmente importante, sobre un regreso a los valores fundamentales, respeto al otro y a la naturaleza, amor a la familia, consumo responsable y algunos otros valores que teníamos en estado de hibernación.

Creo que más de uno hizo promesas en público o en privado sobre los cambios que realizaría en su vida cuando pudiésemos regresar al mundo que está fuera de nuestras casas.

Las marcas, que también son seres vivos, hicieron algo similar; lanzaron mensajes hermosos y contundentes sobre cómo nos comprendían, sobre cuánto les importamos y que estarían ahí para apoyarnos.

Ahora estamos viviendo los “momentos de verdad”, ahora es cuando tenemos que demostrar que no solo somos lo que decimos, sino que somos lo que hacemos.

En su fuero interno cada uno de nosotros sabe bien si todo lo reflexionado durante el encierro se está volviendo realidad.

También es el momento de que las marcas dejen de “decir” y demuestren que “son”. Todos aquellos mensajes de solidaridad, de comprensión, de buenas intenciones o se materializan o las marcas verán devaluada su reputación de manera profunda.

Ahora es el momento de las marcas de demostrar con acciones que merecen hablar en tercera persona del plural y que cuando dicen “nosotros” no se refieren a ellos, sino que nos incluyen de manera real.

En los formatos estratégicos tradicionales se hablaba de Promesa (lo que la marca ofrece como beneficio) y el ‘reason why’ (lo que hace creíble la promesa). Llegó el momento de comprobarlo

Suficientes problemas han tenido las marcas para sobrevivir en este encierro, no necesitan una crisis adicional.

Reconstruir un negocio es complejo, pero reconstruir una reputación lo es más.

Es el momento para las marcas de echar a rodar un programa de comunicaciones estratégicas que permita a todos los ‘stakeholders’ estar informados y entender la realidad por la que atraviesan y cómo se relacionan con sus consumidores. Es el momento de hacer capital de marca y consolidar reputación, pero primero hay que hacer comunicación honesta, sincera, que no solo se sube al tren del “yo también soy bueno” sino que lo demuestra con hechos concretos.

Ya pasó el momento de la poesía audiovisual. Ya estamos todos en las calles y viviendo en el mundo real.

“Eres lo que haces, no lo que dices que vas a hacer”. Carl Gustav Jung.