¿A las armas?

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¿A las armas?

Si hay que ir a la pelea, que sea por conquistar al menos un Estado funcional y no para que nos vuelvan otro sacrificio sangriento de la demagogia...

La violencia y el crimen parecen avanzar imparables por nuestra tierra, sembrando el miedo y la ira en los corazones de la ciudadanía. Pero del miedo y la ira nunca surgen las sabias decisiones, menos todavía si de política se trata. Sin embargo, una idea parece recorrer con furia nuestros corazones aterrados, casi como un grito de desesperación: hay que tomar las armas. No debería sorprender a nadie que esta sea la reacción instintiva de una población indefensa. Pero debemos responder con la razón ante los instintos y no con las pasiones.

Hoy, armar a la ciudadanía no sería más que permitirles a los políticos una victoria fácil aprovechando nuestros instintos. Peor aún, sería permitirles darles la espalda a todas las complicadas causas de nuestra indefensión, por las que son responsables y se niegan a responder. Hablar de armar a los civiles, mientras que nadie nos da una solución ante el colapso del Estado significa renunciar al Estado mismo y a nuestros deberes como sociedad, empezando por nuestros líderes. No debemos admitir que nos digan que nosotros debemos hacernos cargo de su fracaso.

No podemos permitir que nos hagan cómplices de nuestro descenso a la anarquía. Exijamos que recuperen el control de las cárceles y garanticen la vida de los PPL. Reclamemos una barrida institucional por las filas de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y el SNAI. Demandemos explicaciones a las autoridades que le han dado la cara a las cámaras, pero la espalda al terror. Y pidamos cuentas a quienes pasando de un nombramiento inadecuado a otro presiden sobre sistemas de seguridad en los que ya nadie confía. Solo cuando la negligencia y la traición sean debidamente castigadas y las instituciones verdaderamente funcionen de manera técnica y política, entonces podremos empezar a preguntarnos sobre las armas. Y ese será recién el comienzo de otro largo camino en una sociedad tan violenta y corrupta.

No les permitamos que jueguen más con nuestras emociones. Que la clase política responda. Si hay que ir a la pelea, que sea por conquistar al menos un Estado funcional y no para que nos vuelvan otro sacrificio sangriento de la demagogia.