Editorial | Contra el fuego: prevención colectiva
Solo la prevención constante y la responsabilidad ciudadana pueden evitar que el fuego vuelva a generar pérdidas de bienes
Durante la última semana, Guayaquil volvió a comprobar el valor silencioso de quienes hacen del riesgo una vocación. El Cuerpo de Bomberos de la ciudad, junto a unidades que llegaron desde otros cantones para apoyar la emergencia, logró contener incendios que amenazaron viviendas, negocios y vidas humanas. Su labor oportuna, profesional y coordinada evitó consecuencias mayores. La ciudad les debe reconocimiento sincero y profundo agradecimiento. Los incendios, sin embargo, dejaron pérdidas dolorosas. Muchos vieron desaparecer vehículos, locales y el esfuerzo de años; otros quedaron prácticamente en la calle, enfrentando de repente la incertidumbre. Cada emergencia recuerda que detrás del fuego existen historias marcadas por sacrificio y trabajo constante.
También es necesario señalar una realidad incómoda. Parte de estos siniestros se origina en la negligencia de propietarios y arrendatarios que operan sin cumplir normas básicas de seguridad ni mantener en regla los permisos exigidos. No son simples trámites, sino medidas destinadas a proteger vidas. Ignorarlas pone en riesgo a toda la comunidad.
La prevención debe asumirse como responsabilidad colectiva pues la seguridad de la ciudad no puede depender solo del heroísmo de los bomberos, sino del cumplimiento y la conciencia ciudadana.