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Rafael Oyarte | Visas y reciprocidad

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Lo que su país les cobra a mis ciudadanos para tramitar una visa, yo se lo cobro a los suyos como requisito de ingreso al mío

Uno de los trámites que menos gustan, y que llegan a ser penosos, es la petición de visa a otras naciones que nos la imponen para visitar sus territorios o transitar por ellos. Bien está, nosotros también lo hacemos, salvo en ese breve período de imprevisión e improvisación en que, por la constitucionalmente cacareada ‘ciudadanía universal’, la eliminamos para todo el mundo, sin distinción, con todas las consecuencias perniciosas que generó, empezando por el tráfico de personas. Que nos pidan visas, entonces, es una cuestión soberana que se basa en muchas razones, que son, principalmente, migratorias (un buen número de personas ingresan como ‘turistas’ y se quedan irregularmente) y de seguridad (por el ingreso de elementos con fines delincuenciales o de similar naturaleza). Uno de los principios del Derecho Internacional es el de reciprocidad: tu buen o mal trato, te lo replico.

Ahora bien, eso no quiere decir que, al mejor estilo Evo Morales, impongamos visa a todos aquellos que la exigen para nuestros ciudadanos pues, naturalmente, los flujos migratorios no son equivalentes: muchos ecuatorianos quieren emigrar a Estados Unidos y a Europa, y no lo contrario. Lo dicho tampoco quiere decir que todos los visitantes europeos o estadounidenses sean una maravilla: muchos vienen por acá a ‘mochilear’ o, incluso, a aprovechar el consumo de ciertos productos nada santos, generando un turismo de bajísima calidad que poco y nada deja. A un ‘mochilero’ nuestro no se le dejaría poner un pie en esas naciones, pero por acá hay que recibirles nomás. Para evitar eso no es necesario imponerles visa sino una tarifa o ‘tasa de reciprocidad’: lo que su país les cobra a mis ciudadanos para tramitar una visa, yo se lo cobro a los suyos como requisito de ingreso al mío. Nótese que ese cobro de dinero, mucho o poco, no es por extender la visa pedida sino para procesar la solicitud, por lo que, como se sabe, si la visa es denegada, el peticionario pierde ese dinero. Por eso, si su país les cobra a mis nacionales equis cantidad, esa misma suma deben satisfacer sus súbditos como requisito de ingreso al mío, tarifa a cancelarse en el puerto de entrada, lo que tiene la utilidad de disuadir ese turismo improductivo que usted mismo quiere evitar para su país.