Priscilla Falconi Avellán | Flexibilidad con institucionalidad
El Código del Trabajo responde a una lógica altamente proteccionista, propia de otra época productiva
Ecuador necesita flexibilidad laboral si quiere competir, pero esta no puede construirse sobre interpretaciones administrativas discutibles. La modernización del trabajo exige reformas legales claras, no atajos normativos.
El más reciente intento es el Acuerdo MDT-2026-046, que introduce una “jornada laboral eficiente” de 40 horas semanales distribuidas hasta en 10 horas diarias y dispone que rige desde su suscripción, sin perjuicio de su publicación en el Registro Oficial. Sin embargo, la jerarquía normativa es inequívoca: un acuerdo ministerial puede desarrollar la ley, pero no modificar el Código del Trabajo. Y la Corte Constitucional ha vinculado la publicación con la seguridad jurídica, lo que vuelve debatible su eficacia antes de ser publicado, más aún cuando el propio ministro ha señalado que su vigencia dependería de dicha publicación.
¿Contradice el Código? No frontalmente. Se apoya en la Ley de Economía Violeta para permitir distribución irregular sin superar 40 horas semanales. Pero elimina la exigencia de excepcionalidad vinculada a la naturaleza del trabajo y altera el cómputo de horas suplementarias. La pregunta empresarial es directa: ¿puede aplicarse con certeza o estamos frente a una nueva contingencia laboral?
El problema es estructural. El Código del Trabajo responde a una lógica altamente proteccionista, propia de otra época productiva. Reformarlo requiere debate legislativo y asumir costos políticos que pocos están dispuestos a enfrentar. Por eso se intenta modernizar por vía administrativa lo que exige reforma legal.
Mientras tanto, la región avanza. Argentina flexibiliza jornadas y costos de desvinculación para atraer inversión. Chile redujo horas, pero incorporó amplios mecanismos de distribución flexible. América Latina revisa estructuras rígidas frente a economías dinámicas y digitales.
La inversión no necesita interpretaciones creativas. Necesita estabilidad. Si Ecuador quiere ser competitivo deberá discutir abiertamente una reforma laboral integral que combine protección con flexibilidad y, sobre todo, certeza jurídica. Lo contrario es prolongar la rigidez mientras se multiplica la incertidumbre.