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Andrés Isch | ¿Hacia dónde avanza el feminismo?

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Atacar la reputación de todo el que piensa distinto, desviar la atención de los problemas hacia los individuos

Esta es una pregunta que me he estado haciendo desde hace un tiempo y aún no encuentro respuesta. Retrospectivamente, la lucha del feminismo ha tenido hitos muy marcados, ya sea la exigencia de derecho al voto y a participación política, al divorcio, a inclusión económica, a igualdad de oportunidades laborales o a estar seguras y protegidas contra distintas formas de violencia. Todas estas, reivindicaciones legítimas, justas y necesarias. Todas ellas, además, han producido resultados valiosos, pues han sido adoptadas desde lo formal en casi todos los ámbitos, y en lo material se han producido grandes avances.

Sin embargo, hoy, dentro de la polarización social (o quizás por culpa de ella), las voces de quienes se autoproclaman detentadoras de los principios feministas parecen estar mucho más enfocadas en buscar culpas antes que soluciones. Si analizamos los indicadores de empleo de mujeres encontraremos que no se han beneficiado de políticas que conceptualizan al castigo como mecanismo para cerrar las brechas. Personificar en la generalidad de los hombres todos los males habidos y por haber es otro caso del fracaso de posiciones confrontativas: en lugar de convencer a más hombres de apoyar la construcción de estructuras equilibradas están consiguiendo una opuesta a los intereses que ellas dicen defender y que cada vez tiene más resonancia, incluso en las mismas mujeres.

¿Por qué, entonces, insisten en la fractura y los extremos como estrategia? Apostaría a que en la mayoría de casos es porque hay un gran negocio político en el desgaste. Atacar la reputación de todo el que piensa distinto, desviar la atención de los problemas hacia los individuos, convertirse en árbitros del bien y el mal es un camino para reinar entre los escombros. Es absurdo, por ejemplo, que ‘feministas’ defiendan al régimen teocrático de Irán que mata y desfigura a las que osan exponer su cabello en público, que miren para otro lado cuando hombres invaden competencias deportivas de mujeres.

El feminismo que de verdad está interesado en que las condiciones de las mujeres mejoren a la par que mejora el país no puede permitirse estar secuestrado dialécticamente por los radicalismos.