Mentes y corazones

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Mentes y corazones

Existe una evidente evolución en el pensamiento de las nuevas generaciones, sobre temas que tratarlos hace unos años habría sido impensado’.

En junio pasado se publicó un interesante informe de investigación sobre la opinión de los ecuatorianos residentes en Quito y Guayaquil respecto de la comunidad LGTBI. El estudio fue realizado haciendo un corte por edades de los entrevistados, dividiéndolos en Generación Z (nacidos a finales del siglo pasado e inicio de este), Millennials (nacidos desde 1980 e inicios de siglo), Generación X (desde 1965 a 1980) y Baby Boomers (desde 1945 a 1965). Podrían traslaparse algunos encuestados, pero el concepto gira en torno a esos años.

Los hallazgos de la investigación evidencian que cuanto más joven se es, existe mayor integración con la comunidad LGTBI. La población en general apoya leyes sobre la igualdad y visibilidad de esa comunidad, siendo cada vez menor la oposición, que en ningún caso es mayor al 25 % de la población encuestada. Cuanto más joven se es, las personas se identifican y apoyan a las empresas y marcas que muestran propuestas de igualdad entre las personas, sin hacer alusión a las preferencias sexuales. El estudio es sumamente rico en información respecto de la unión legal de parejas del mismo sexo, tanto como la declaración de los encuestados sobre su definición de preferencia. El informe no presenta evidencia sobre la opinión de la población respecto de la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, o simplemente la crianza de hijos dentro de uniones de parejas del mismo sexo.

El mundo evoluciona, se transforma, y las instituciones de toda naturaleza también. Cuanto más viejos somos, mayores prejuicios tenemos, fruto de nuestra educación, de las convicciones religiosas, o de la interpretación de textos que fueron escritos por razones diferentes a las que creemos en muchos casos.

Ipsos ha hecho un muy buen estudio, que no tiene un solo juicio de valor, solo información; nos toca a cada uno de nosotros ir abriendo nuestras mentes y sobre todo nuestros corazones, para reforzar el principio de que la paz social solo es posible cuando cada ser humano tiene el derecho a su libre determinación. Se necesita mucho valor para respetar ese derecho.