¿Confiamos en otros?

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¿Confiamos en otros?

En los momentos de crisis, ¿cuál es el tipo de liderazgo que requieren las sociedades para afrontarlas y alinear voluntades con tal propósito?

Un factor esencial para la prosperidad de los países es el grado de confianza que la sociedad tenga respecto de sus instituciones, y el nivel de confianza que los individuos de esa sociedad tengan entre sí. Los costos o fricciones económicas, como los llamaría Ronald Coase, Premio Nobel de Economía, pueden hacer viables o imposibles las transacciones. Si hay desconfianza se debe recurrir a terceros, a costos altos, para que los intereses de las partes se perfeccionen.

Hace unas semanas se publicó un estudio realizado en 30 países, el cual reveló que solo 3 de cada 10 personas declara que puede confiar abiertamente en los demás. Los países donde mayor confianza existía eran aquellos que tenían comunidades rurales muy grandes, como China e India, y aquellos donde el menor porcentaje de personas confiaba en los demás resultaron siendo los países latinoamericanos, entre ellos Perú con el 17 % y Brasil con el 11 %. Los resultados son muy interesantes. Cuanta más educación se tiene, las personas confían más entre ellos. Cuanto mayor es una persona, mayor su confianza hacia los demás. La confianza genera colaboración, y la colaboración es esencial en momentos críticos para las personas, para las empresas y para las sociedades en general.

Los problemas que hoy declaran las personas en el mundo, según estudios recientes, no podrán ser resueltos sin que exista un liderazgo que alinee voluntades a partir de la colaboración asertiva.

Los cinco temas que están quitando el sueño hoy a la población mundial son la inflación, la pobreza y la desigualdad social, el desempleo, el crimen y la violencia, y la corrupción política, en ese orden. Pensaríamos que son problemas cuya solución corresponde a los gobiernos, pero no será posible resolver ninguno de ellos sin un plan que active la confianza entre instituciones e individuos a partir de un liderazgo efectivo, creíble y con buena comunicación.

Aún debato en mi fuero interno si lo que se necesita es un exitoso conciliador como Mandela o un enérgico y efectivo Julio César. ¿Quién podría generar más confianza y colaboración? ¿Qué piensa usted?