Columnas

¿Pretende Trump dirigir el mundo?

"Sin perjuicio de que las medidas para disminuir la inmigración irregular a los EE.UU. es uno de los principales argumentos de campaña para su reelección"

Donald Trump, que encarna la peor versión estadounidense de la doctrina Monroe “América para los americanos”, no ha podido hasta el día de hoy imponer sus reglas para dirigir no sólo su país sino la región y aún el mundo como pretende, pese a sus bases militares diseminadas por todas partes y a la actitud genuflexa de unos cuantos actuales gobernantes latinoamericanos que llegaron al poder en casos muy concretos usando honorables máscaras de las que pronto se despojaron en beneficio propio, a través de conciliábulos, no importa cuán políticamente sucios, infestando con mayor daño que el coronavirus nuestra historia y sus acontecimientos en pleno desarrollo, como suele decirse.

Y una vez más los primeros perdedores en esta coyuntura son los migrantes, provengan de donde provengan, como si se tratara de los descendientes de Caín errando sobre la tierra.

Así, desde comienzos de marzo el nuevo gobierno de Guatemala, hoy liderado por el presidente Alejandro Giammattel, intenta limitar el número de migrantes extranjeros que EE.UU. le envía bajo un acuerdo bilateral de “tercer país seguro”, impuesto al gobierno anterior e implementado en noviembre y que Trump pretende ampliar, acuerdo que lo convierte en un amortiguador de los reclamos de asilo que enfrenta el país norteamericano. Y es que simple y llanamente Guatemala, Honduras y El Salvador, países centroamericanos de donde procede el grueso de las caravanas de migrantes a pie que llegan a la frontera norteamericana en pos de ingresar a los EE.UU. y hacer realidad su “sueño americano”, no pueden encajar de modo alguno en el esquema de “tercer país seguro” para brindarse asilo entre ellos, cuando lo que persiguen los migrantes es salir de esos países y radicarse en el desarrollado país del norte, a como dé lugar, no importa los sufrimientos que hayan de padecer, los obstáculos que haya que vencer. Porque buscan mejores posibilidades de vida para sí y sus hijos que las que tienen en sus países nativos, y aún si las tuvieran no las quieren ver.

Por codicia, finalmente. Esa codicia que el mismo Trump alimenta al anunciar como lo hiciera a comienzos de marzo que apartaría para guatemaltecos, salvadoreños y hondureños unas 10.000 visas de trabajo temporales H2-B, en ampliación de esos permisos. Sin perjuicio de que las medidas para disminuir la inmigración irregular a los EE.UU. es uno de los principales argumentos de campaña para su reelección.