Columnas

La muerte y el arte

Guayaquil tiene desde antiguo una marcada sensibilidad por el arte, una de cuyas manifestaciones más elocuentes han sido los grafitis, que alguna vez se pensó que contenían mensajes encriptados de bandas delincuenciales marcando ”territorio”, cuando no eran explícitamente pinturas murales con imágenes, rostros, cuerpos, edificios, paisajes, objetos cotidianos. Hoy los murales han variado un tanto, ya no se entregan a la libre creación del artista, como se hacía antes, espacios como los que quedan bajo los puentes o en muros de espacios cerrados para darles vida, alegría, en vez de propaganda política o hasta frases soeces garabateadas al paso.

Llama la atención, por ejemplo, el mural al cantante indígena Jesús Fichamba, de 3 metros de alto por 7 de largo, en la ciudadela Sauces 5, manzana 202, villa 22, pintado por el artista Ernesto Quiñónez y pagado con plata de su bolsillo por el músico y también cantante Raúl Cela, quien lo explica diciendo: “Quise rendirle mi homenaje a Jesús Fichamba, sin ser autoridad y en tiempo de crisis, porque sentí que no fue valorado ni respetado”, como se lee en el reportaje de este mismo diario en su edición del 3 del mes en curso. Como es conmovedor el recuerdo y homenaje que la artista Xiomara Errázuriz Coello ha hecho a niñas víctimas de femicidio en el cuadro con el que ganó el primer premio (compartido) del Salón de la Mujer convocado por la Casa de la Cultura del Guayas, aunque el título del cuadro que es el verso de un famoso poema de Neruda, Me gusta cuando callas, resulte un tanto inapropiado para el caso, que si quería decirlo con un verso habría podido encajar mejor, por ejemplo, en el de un poeta nuestro que se pregunta “¿por qué hay en el jardín rosas difuntas?”. La otra ganadora de este premio, compartido a criterio de los jurados, es el de la artista Roxana Suárez, titulado Que no te claven la mente, también contra la violencia de género, pero con más amplitud, a través de las diferentes situaciones de su cotidianidad, como lo destaca la prensa.

Que el arte recoja y sublime estas expresiones del dolor que la estupidez machista causa en nuestra sociedad, es tarea implícita en el don que la naturaleza misma brindó a sus vidas y que debe manifestarse en su obra, como así ha sucedido.