Columnas

Flagelo de sanciones económicas

'Se trata simplemente de otro proceder arbitrario de Trump'.

Cuando la hegemónica potencia estadounidense decide no usar sus armas preferidas de pistolero universal, misiles o drones para eliminar a líderes militares o civiles que estime puedan constituir amenaza a la seguridad del país o de sus activos e intereses en cualquier lugar del mundo, como alternativa o castigo menos drástico se pronuncia por la imposición de “sanciones económicas y políticas”, a su gusto y sabor ,y de duración a veces indefinida, como el criminal bloqueo comercial a Cuba que lleva más de 50 años, que se ha endurecido más desde que Trump llegó al poder. 

¿Qué sustento jurídico tienen esas sanciones unilaterales impuestas por EE.UU. a Irán por haberse atrevido a reaccionar contra el asesinato de su líder Qasem Soleimani, fríamente ordenado por Trump hace poco? ¿O las impuestas a Corea del Norte por el grado de su experimentación nuclear? ¿O el congelamiento de millones de dólares adeudados a Venezuela por ventas de crudo y derivados del petróleo, porque no reconoce la legitimidad del gobierno socialista de Nicolás Maduro? Desde luego que carecen de sustento jurídico alguno.

 Ningún país, salvo Naciones Unidas (u organismo internacional que estuviera facultado en algún caso especial, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos) podría hacerlo. Se trata simplemente de otro proceder arbitrario de Trump y del país que representa, sin que ningún otro país de la comunidad internacional se lo reproche o diga nada, con las salvedades del caso pues siempre en el periodismo universal hay resguardos dignos y en el ámbito socialista, como Telesur, gran medio bolivariano y latinoamericano de información confiable.

 Es deplorable que analistas políticos no se pronuncien con mayor radicalidad contra estas sanciones económicas impuestas sin restricción alguna por el supremacista Trump, quien aspira a ser reelegido como gobernante por un nuevo período después del actual que termina en noviembre.

¿Que significaría para los residentes extranjeros en EE. UU., especialmente los migrantes latinoamericanos, volver a ponerse sobre los hombros la cruz de la inseguridad y el temor a la separación de los miembros de la familia, padres e hijos menores, que padecen todavía la espada de Damocles del exilio?