Columnas

Final del régimen de transición

Se nos hizo larguísimo pero al fin terminó el periodo presidencial de Lenín Moreno, con la desaprobación del 82,1 % de su gestión por el pueblo ecuatoriano, según la encuestadora Cedatos Gallup, lo que debe ser probablemente el índice de más baja popularidad de un presidente al finalizar su gestión, además de ser también el de mayor recambio de ministros (71), salvo los de Finanzas, Richard Martínez y, de Gobierno María Paula Romo, que lo sostuvieron más que acompañaron por largo tiempo, aunque esta fuera censurada por la Asamblea Legislativa, que con ese acto en realidad repudiaba el régimen de Moreno y tuvo que sufrir su condición de “fusible”, que es la cruz de todos los secretarios de Estado.

Desde luego que la forma de enfrentar la pandemia de la COVID-19 jugó parte importante en todos los Estados y gobiernos del mundo, pero él pronto descargó esa tarea en hombros de los alcaldes de las capitales de provincia, en cuanto a la restricción de cuarentenas, movilidad y distanciamiento, como ocurrió en casi todas partes.

En cambio tuvo la exclusiva en actos como el de quitarle la protección del “asilo” a Julian Assange, héroe de la libertad de expresión, a quien convirtió en mártir, quebrantando una institución diplomática latinoamericana de antigua data, así como destruyó de hecho la Unasur, al desafiliar al país de dicha organización y por tanto quitarle el grandioso edificio en Mitad del Mundo que el expresidente Correa hizo levantar como sede de la entidad, la cual aspiraba sustituir a ese remedo de cónclave al servicio de la potencia del norte en que se ha convertido la OEA. Y, finalmente, sumarse al colosal disparate de no reconocer al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, acto de simbólico y patético servilismo de 50 países del mundo ante Donald Trump, el pasado presidente de los Estados Unidos, y que debió terminar ahora que lo gobierna Joe Biden, lo que no ha sucedido, grave error en que al parecer ha caído ahora también nuestro flamante presidente Guillermo Lasso, como un novato.