Columnas

Un desgarrador mensaje de texto

El mensaje decía: “Lo siento, mamá. No he tenido éxito en mi viaje. Te quiero mucho. Me estoy muriendo porque no puedo respirar”.

El mensaje de texto que una joven vietnamita de 26 años, Pham Thi Tra My, envió a su madre a través del móvil el 22 de octubre por la noche, poco antes de que el camión de Gray, en el condado de Essex en Reino Unido, llegara al polígono industrial en que fue hallado después de medianoche con 39 cadáveres, es quizá el que mayor impacto emocional me causó al leerlo en la prensa el año que acaba de fenecer. 

El mensaje decía: “Lo siento, mamá. No he tenido éxito en mi viaje. Te quiero mucho. Me estoy muriendo porque no puedo respirar”. Su familia explicó que su hija había pagado 35.000 euros para viajar a RU a través de China. Y Vietnam, el excepcional país de la larga guerra que EE.UU. no pudo ganar pese a los crímenes de guerra en que incurrieron con el empleo de sus bombas de napalm y de su estrategia de “tierra arrasada” y riego de productos químicos contra extensas zonas de su suelo convertidas en estériles por centurias, ha tenido en los últimos años un crecimiento y desarrollo económico extraordinario. 

Pero al parecer, para los asiáticos, salvo los súbditos de la excepcional China Popular, el sueño europeo sigue vivo, como para los países latinoamericanos el sueño americano de trabajar y vivir en las grandes urbes norteamericanas: Nueva York, Miami, Los Ángeles, Houston. Aunque alcanzar ese anhelo signifique también la carga de ingentes sacrificios económicos que engordan la cadena de negocio de los coyoteros, con un posible terrible desenlace como el de la aventura de la vietnamita o en el caso de los que persiguen el sueño americano, el peligro que ronda a las caravanas fronterizas para llegar a un país regido por un gobernante racista que no quiere más latinos, la pendiente espada de Damocles de las deportaciones, el río Bravo que hay que cruzar a nado, las patrullas fronterizas, la aridez del desierto sembrado de huesos de los cadáveres de quienes se aventuraron a cruzarlo a pie. 

La malaventurada búsqueda de un sueño estúpido. Porque la patria es lo que dejamos acá, allá solo el anonimato servil, la definitiva pérdida de identidad, de personalidad, aunque se gane más y se gaste poco en el afán de acumular ahorros. Acá las cosas por las que valdrá siempre luchar, para que seamos nosotros los artífices de nuestros propios cambios, por el respeto que nos debemos.