Columnas

Cardenal, el monje poeta, ¡ha muerto!

Descansa en la paz de Dios, querido poeta.

Ernesto Cardenal, poeta y monje trapense, una de las máximas figuras de la literatura latinoamericana, murió el primero de marzo en Managua, por un paro cardíaco, tras sufrir una descompensación generalizada de sus órganos vitales. “Se nos fue en paz, no sintió dolor. Murió como un pajarito, se apagó poco a poco”, confirmó Luz Marina Acosta, su asistente absoluta por más de 40 años. 

El 25 de enero había celebrado sus 95 años “con buena salud y en plena creación de nuevas obras”. Algunos libros suyos fueron traducidos a más de 20 idiomas y fue postulado al Premio Nobel de Literatura cuatro veces desde 2005. Cardenal, quien se definía como “poeta, sacerdote y revolucionario”, vivía en una isla del archipiélago de Solentiname en el Gran Lago de Nicaragua, donde fundó la comunidad de Solentiname, “convirtiendo una comunidad de pescadores en artistas con profunda convicción religiosa”. Fue al mismo tiempo uno de los más destacados protagonistas de la Revolución sandinista, acaudillada por Daniel Ortega contra la dictadura de Somoza en los 70. 

Recuerdo su poema extraordinario cuyo título lo decía todo: “Somoza develiza la estatua de Somoza en la plaza Somoza”. Y su popularísima Oración por Marilyn Monroe, y muchos otros poemas. Fue también un convencido defensor de la “teología de la liberación”, la vuelta a la Iglesia de los pobres, contra el boato y riqueza de las altas jerarquías de la Iglesia católica.

Tras la caída de Somoza, cuando el Frente de Liberación Sandinista llegó al poder, fue ministro de Cultura en el gobierno de Ortega, entre 1980 y 1990. Por su militancia política, en 1985 el papa Juan Pablo II lo reprendió y humilló públicamente en una foto que dio vuelta al mundo, y lo castigó con la “suspensión a divinis”. Solo hace un año el papa Francisco le revocó la suspensión, que Cardenal consideró injusta en su libro La revolución perdida. 

El gobierno de Ortega, aunque su relación con el poeta se había deteriorado en los últimos años, decretó tres días de duelo nacional por su muerte, y expresó: “Reconocemos sus aportes a la lucha del pueblo nicaragüense, todos sus méritos culturales, artísticos, literarios y su extraordinaria poesía”. Descansa en la paz de Dios, querido poeta.