Columnas

Bandas delincuenciales en Durán

''Requiere de un destacamento policial mucho más numeroso y bien dotado, que no sea una burla para estos nuevos “maras” criollos y menos un refugio o escuela de criminales''

Durán, nuestro New Jersey, que fuera hace tiempo una parroquia rural desatendida de Guayaquil, al constituir su propio municipio y proclamar su autonomía creció y creció, desatendida igualmente por los gobiernos, salvo el de Camilo Ponce, que por lo menos le dio y nos dio el puente de comunicación con el interior. Parece estar ahora convirtiéndose en la sede de bandas criminales, como la de los temibles Choneros, que según denunciaran residentes de la tercera etapa de El Recreo, dos meses atrás llegaron en motos, bicicletas y a pie, y pintaron corazones sobre alrededor de 20 grafitis, que decían “Choneros Killer” , apenas horas antes de que protagonizaran una matanza en la Penitenciaría.

El domingo pasado, luego que un grupo de civiles llegó a disputar un partido de fútbol en una cancha de la ciudadela Primavera 2, y libaban tras el partido, sorpresivamente fueron acribillados desde un taxi por los 4 hombres que lo tripulaban, ocasionando 2 muertos y 9 heridos. El teniente coronel Francisco Hernández, jefe de la Unidad de Muertes Violentas de la Policía (Dinased), sostuvo que los atacantes habrían sido ya identificados, pero no se ha dado más detalles. A lo que se suma el dato estadístico de que en este año 2020 en Durán se ha triplicado el número de asesinatos o muertes violentas respecto de 2019, a pesar de que existen Unidades de Vigilancia Comunitaria y el patrullaje frecuente de la Policía. Todo sumado al hecho de que esta balacera se ha dado entre individuos o grupos de personas que no son del barrio donde se produjeron; esto es una cancha deportiva, un lugar de esparcimiento público.

A la mala suerte de la desatención que se ha dado al muy poblado cantón, y al margen de la ineficiente casta alcaldicia que durante tiempo estuvo frente a esa desguarnecida municipalidad con acuciantes problemas de años como el agua potable y alcantarillado, que ahora quiera agregársele la mala fama de ser sede o refugio de bandas criminales es demasiado para una comunidad tranquila, trabajadora y progresista. Requiere de un destacamento policial mucho más numeroso y bien dotado, que no sea una burla para estos nuevos “maras” criollos y menos un refugio o escuela de criminales.