Columnas

Albergue para migrantes

El problema de los migrantes es de muy antigua data. Se da desde que las 12 tribus de Egipto se dispersaron para poblar el mundo, el Éxodo y la Diáspora, el arduo caminar de las familias que huyen del hambre y de la guerra que suelen venir juntas, como en Afganistán y Siria, o del hambre simplemente, como en Marruecos y África del Norte, o de la avaricia de los terratenientes que desalojan a los campesinos de sus comunidades, como en Colombia, o se autoexilian tras un conflicto colectivo como lo inventa o lo cuenta Ángel F. Rojas en su épica novela El éxodo de Yangana, joya de la literatura ecuatoriana.

Pero contemporáneamente y desde el último lustro, la emigración en América Latina tiene doble vía, desde los países centroamericanos (Honduras, El Salvador, Guatemala) hacia EE.UU., a través de México; y desde Venezuela hacia Brasil o Chile, si no se quedan en Colombia, siendo Ecuador solo país de tránsito, salvo su propio flujo de migrantes hacia EE. UU. y España. De allí que en el norte de esta ciudad la fundación Hogar de Cristo mantenga entre sus programas sociales el campamento Un techo para el camino, con el apoyo económico del consulado de EE. UU., que habría invertido en ello $ 25 millones donados por el fondo Julia Taft para arreglos como la cerámica del piso del área de usos múltiples, remodelación de baños, computadoras y más. Regularmente son entre 80 y 130 personas en situación de calle las que pasan en el campamento por un lapso de tres a quince días máximo, por lo general familias venezolanas y también colombianas, con niños pequeños, donde estos pueden jugar y distraerse. La misión de estos albergues es acoger a los caminantes, protegerlos del hambre y el frío e integrarlos mediante cursos de capacitación en panadería, gastronomía, manualidades, computación y otros.

La Municipalidad de Guayaquil por su parte, dispone de un albergue en el sur para dar techo a 240 personas al año, para lo que habilitó las instalaciones de la antigua Fundación Cariño en la ciudadela Autoridad Portuaria, albergue que denominó Volviendo a sonreír, con una inversión de $ 95.000, según informara la Empresa de Desarrollo Social de la entidad.