“Lo dicho”, Pancho...

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“Lo dicho”, Pancho...

Que este anhelo haga eco en quienes compartimos su ideal y lo volvamos realidad con nuestra participación activa y decidida. Que todo lo hecho y dicho haya valido la pena...

Que el “desmadre es el culpable del desmadre”, decía Pancho Huerta en un típico juego de palabras, tan propio de él, refiriéndose al incierto camino que sigue la sociedad de hoy debido a que con tantas madres trabajando fuera del hogar, los hijos están siendo criados por empleadas domésticas y por la tecnología, sin que les estén siendo inculcados valores, principios, ni una cultura o costumbres que queden profundamente arraigados en su ser interior. Recuerdo esta reflexión suya aún sorprendida por su repentina partida. Creo que lo sorprendió también a él, con su agenda llena para el fin de semana, cuando su corazón ya no pudo más. Iba a encontrarse con los “jubilados sin júbilo” para analizar vías de rescate al IESS.

Sus convicciones cívicas marcaron su rutina diaria hasta el final. Vivía reuniéndose con los médicos, apuntando a instaurar una salud preventiva; convocaba a ingenieros, arquitectos, urbanistas y a representantes de los barrios para construir con los mismos guayaquileños un plan para enrumbar la ciudad con éxito hacia el futuro. Y acudía a todos los foros posibles para tratar de involucrar activamente a la mayor cantidad de ecuatorianos en el devenir del país. Quería “verdaderos ciudadanos y no solo habitantes con cédula”.

Pancho le sacaba tiempo a las horas. Entre columnas y editoriales, entrevistas, conversatorios y conferencias, organizaba comités, como el del Bicentenario, en pos de una celebración que trascendiera por su real significado, o el Frente Cívico Ecuatoriano, con la esperanza de sacar a la gente de la queja en redes sociales y llevarla a actuar. Con apoyo, en solitario, con logros, con decepciones, nunca dejó de intentarlo, nunca se detuvo.

Ni en sus batallas por alcanzar sus sueños patrióticos, ni en su combate diario por superar sus dolencias, pues su salud estaba quebrantada desde hace algunos años, pudo un obstáculo ser más grande que su espíritu indoblegable. Ver un Ecuador libre, justo y democrático fue su gran aspiración. Que este anhelo haga eco en quienes compartimos su ideal y lo volvamos realidad con nuestra participación activa y decidida. Que todo lo hecho y dicho haya valido la pena...