Piden pan...

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Piden pan...

No les dan… Piden queso, les dan hueso… Como en el aserrín, aserrán, estamos cansados de que no se atiendan nuestros pedidos, de que nuestra calidad de vida se deteriore a diario sin que las autoridades que elegimos hagan cambios radicales que resuelvan la situación.

Para controlar la inseguridad reinante haría falta que se deroguen muchas leyes que favorecen a la delincuencia, y que la fuerza pública pueda actuar con contundencia suficiente para replegar a los criminales. Los mecanismos de participación ciudadana son lentos, llenos de trabas establecidas por intereses políticos y económicos, por lo que conseguir las transformaciones necesarias no son una decisión de la ciudadanía de inmediata ejecución. Pero hay otros temas que también pueden mejorar nuestro día a día, en los que sí podemos intervenir por cuenta propia, y ahora, si la autoridad responsable no responde.

Estoy segura de que todos querríamos poder caminar por Guayaquil sin sentirnos sofocados por el calor agobiante. Sobre todo a partir del mediodía, hasta alrededor de las cuatro y media de la tarde, que es cuando la alta temperatura nos golpea con más fuerza. Contar con sombra y brisa sería posible si arborizáramos toda la ciudad. El ejemplo a la vista es la calle Luis Vernaza en el barrio Orellana, donde sus 85 árboles han creado un microclima con algunos grados menos que el promedio. “Guayaquil quiere árboles”, pero si el Municipio no actúa, empecemos nosotros. Si cada familia siembra un árbol será más fácil llegar a los 500.000 que el especialista en desarrollo urbanístico, Guillermo Peñalosa, contratado justamente por el Municipio, estableció como cifra deseable. La ciudad podría cambiar tangiblemente, sin que ello represente un gasto significativo para sus habitantes.

Los árboles nativos requieren menos riego y cuidados, por lo que deberíamos preferirlos. También los frutales, que además de contribuir a que disminuya el calor, proporcionan alimento. Y si no se cuenta con un jardín (frontal o trasero), sembremos arbustos en macetas y contribuyamos a incrementar el verdor. Quizá el ejemplo ciudadano contagie a la autoridad.